La piedra en el baño constituye un material que, en cualquiera de sus formas, puede crear un ambiente muy diferente, de especial agrado para cualquier persona.

Cualquier tipo de piedra natural (areniscas, calizas, mármoles, pizarras, granitos, cuarcitas, y otros…) tienen cabida en la zona del baño.

Cada tipo de piedra tiene unas características intrínsecas que permite darles un acabado superficial diferente, muchas de ellas pulidas, aunque también otros: envejecidos, abujardados, apiconados, etc.

Siempre hay que tener en cuenta que el baño es una zona con muchos momentos de humedad ambiental elevada y salpicaduras de agua en muchas ocasiones. Esto significa que los materiales a colocar deben ser poco porosos, y, de serlo, deben de estar tratados con algún buen producto hidrofugante.

La piedra en el baño puede formar parte de diferentes zonas o elementos que se pueden hallar en dicho entorno.

Estos diferentes usos pueden agruparse de la siguiente manera:

  • Solados: las baldosas que cubren la zona pisable pueden ser de cualquier medida y de formas normalmente cuadradas o rectangulares. Su espesor más común es de 2 cm y el acabado suele ser pulido, apomazado o envejecido.
  • Lavabos: los lavabos de piedra (normalmente en mármol) también se elaboran en diferentes formas y medidas. Su espesor más habitual está entre los 9 y los 14 cm.

Con interiores pulidos o apomazados y exteriores en cualquier textura.

  • Aplacados en las paredes: Igual que las baldosas de suelo y mucho más sencillo de mantener su aspecto original puesto que no son sometidos al castigo de ser pisados.
  • Platos de ducha: con 3 cm de espesor más habitual y acabado antideslizante.
  • Bañeras: no siendo muy habituales por su elevado costo existen verdaderas maravillas, también variadas en formas.
  • Jaboneros: piezas pequeñas en forma de cuenco para albergar pastillas de jabón.
  • Estantes: muchas veces en rincones, para conjuntar con el resto de recubrimiento en paredes.
  • Encimeras en los muebles: casi siempre en el mueble de lavabo.

La naturalidad que ofrece la piedra natural, su indistinguible carácter heterogéneo (no hay dos iguales) y su durabilidad hacen de este material un candidato excelente para sus diferentes usos en el baño.