La piedra para fachadas es una opción que siempre debe tenerse en cuenta a la hora de proyectar o ejecutar una construcción de cualquier tipo, que tenga, evidentemente caras que tengan vista al exterior.

En los últimos años se han venido ofreciendo alternativas artificiales que tienen unas características técnicas y estéticas que pueden ser tan atractivas como las de la piedra.

Pero en alguna de las características siempre estarán por debajo de la piedra natural, como en la durabilidad, en la naturalidad, en precio…

Sobre todo en materiales que pueden tener muy buenas prestaciones mecánicas, hay que tener en cuenta que siempre están muy por debajo en cuanto al ciclo de vida.

Esto es porque requieren de mayor cantidad de energía para su elaboración y generan muchos más residuos (tanto en la elaboración como después de usar).

La piedra para fachadas se viene utilizando durante milenios en todo tipo de construcciones y su calidad queda contrastada con solo echar un vistazo a la ingente cantidad de edificios de todas las épocas que se mantienen en buen estado, después de tanto tiempo construidas.

La fachada es la cara del edificio y tiene que procurar un aspecto, que proteger contra la meteorología, que proteger térmicamente al interior.

La piedra para fachadas se utiliza en muchos formatos diferentes, más finos a medida que nos hemos ido acercando a la actualidad, en que las piezas de 2 cm de espesor están muy generalizadas.

También, en los últimos años se ha generalizado el sistema de fachadas ventiladas, que utiliza en muchas ocasiones la piedra natural.

En este caso, las placas van sujetas a la estructura del edificio mediante sistemas metálicos, dejando un hueco en el interior para la circulación del aire.

Con un poco de gusto se pueden elaborar piezas que asemejen a sillares de cierto espesor, con el corte en L para las piezas de esquina.

piedra para fachadas en la zona del zócalo

Pieza moldurada para zócalo de piedra

En los zócalos también se pueden elaborar piezas molduradas de cierto espesor, como las que ya se colocaban en edificios de cierto nivel hace muchos años.

Los acabados superficiales son: pulido y apomazado en estilos más modernos y otros que producen estilos más antiguos o rústicos como el abujardado, envejecido, flameado, escodado, apiconado (más fino o más grueso).

Se trata de tener algo duradero, de un precio asequible a cada cliente, natural, o lo que es lo mismo, con un coste medioambiental bajo, bello, sólido…