Las cimbras para arcos son armazones provisionales de mayor o menor complejidad, que se utilizan para guiar la colocación de los arcos o bóvedas y mantenerlos en posición hasta que el conjunto haya alcanzado la consistencia suficiente para mantenerse por sí mismo.

Una vez llegado este momento de la rigidez suficiente se procederá al descimbrado siguiendo las indicaciones pertinentes.

Una buena cimbra debe presentar en su trasdós, exactamente el mismo perfil que el intradós del arco o bóveda, salvo en las grandes arcadas en las que se da un ligero peralte a la cimbra.

Estará fabricada de manera que resulte indeformable y no ceda bajo las cargas que haya de soportar, y se montará sobre dispositivos de apoyo que permitan su descimbramiento gradual y controlado.

Para este papel son ideales los modernos puntales metálicos graduables, que van provistos de un dispositivo roscado.

Aunque las cimbras pueden ser metálicas, de ladrillo en incluso de tierra, tradicionalmente, han sido las de madera las de uso más corriente, por su facilidad de ejecución y abundancia de este material en las obras.

Las cimbras las construye en general, el carpintero de armar, pero las pequeñas y más simples las realiza en muchas ocasiones el propio albañil o cantero.

Todas las piezas que componen la cimbra deben ser de madera sana, resistente y bien curada, usándose con preferencia el pino porque proporciona, además, cierta ligereza, lo que facilita las operaciones de manejo y colocación.

 

TIPOS DE CIMBRAS

Dependiendo de la carga y luz del arco, la cimbra se construirá de un modo sencillo y tosco, o de una forma más sólida y compleja.

Antes de montar el arco en su lugar definitivo, es recomendable montar las dovelas sobre un piso bien plano, con las juntas correspondientes y comprobar que cuadran las medidas proyectadas y se ajusta a la forma de la cimbra.

El primer paso del propio montaje es colocar la cimbra, debidamente apeada y equipada con los accesorios para el descimbrado.

Después viene lo demás…